Clínica Gestáltica: el arte del funambulismo terapéutico

Escrito por Espacio Gestalt el . Posteado en Escritos

Clínica Gestáltica: el arte del funambulismo terapéutico

Nieves Garcia y Pedro Olmedo

Borrador I Reunión Escritores Noveles en Terapia Gestalt

Elche 19-20 de diciembre de 2014

 

 

“Pero aunque la argumentación del crecimiento fisiológico sea pequeña, es absolutamente cierta y fiable”.

PHG

 

Introducción

¡Nada cambia!

(Dicho por todos en algún momento)

 

Habitualmente en las sesiones de terapia nos encontramos situaciones clínicas que requieren un abordaje para el que no hemos sido “entrenados” (aunque es difícil estar preparados para todas las situaciones en las que nos podemos encontrar o que podemos crear) y también para las cuales no existe un correlato teórico claro en las fuentes gestálticas. Y  sin embargo es necesario pensarlas cuando surgen, tanto desde la teoría como desde la práctica clínica.

Algunos amplios temas de la psicoterapia como: la soledad del terapeuta, la impotencia, la desolación[1], el silencio, la sexualidad o más concretos fenómenos de contacto como la gestión de un sentimiento de ira, un deslizamiento hacia la racionalización en un momento de la sesión, la deriva hacia el consejo terapéutico o hacia la búsqueda arcaica en el pasado, necesitan ser explicados teóricamente y abordados clínicamente.

Uno de estos temas ha movilizado nuestras energías para escribir en esta 1ª reunión de escritores noveles en terapia Gestalt. Es un fenómeno del que hemos encontrado por lo menos dos variantes: una, tendría como ocasión de surgir, en experiencias depresivas donde el paciente constantemente pone el foco en su escasa o nula mejoría, a pesar de la resonancia en el terapeuta de haberla y, la segunda,  en el momento del postcontacto, cuando “de repente” el paciente acude a sesión usando frases del tipo:

“estoy igual que antes”

“parece como si nada hubiera cambiado”

“Después de tanto tiempo estos comportamientos debería tenerlos superados”

“he vuelto a repetir tal o cual pensamiento, sentimiento, comportamiento”

“he vuelto a lo de antes”

“no he cambiado nada”

que en nuestra experiencia podemos decir que generan en el terapeuta sentimientos de desconcierto, cuestionamiento profesional, un cierto miedo… incluso puede que si el terapeuta está en sus inicios: pánico… lo que suele provocar una reacción natural en sentido contrario, reforzando los “evidentes”, para el terapeuta,  cambios que a lo largo de la terapia el paciente nos ha relatado o incluso hemos abordado.

Imagen:Pedro OlmedoM médico de profesión de 55 años, lleva viniendo a terapia semanal desde hace dos con un cuadro de experiencia depresiva. Acudió cabizbajo, traído por su esposa, sin ganas de venir, hablaba poco, quejas y llanto frecuente, mirada hacia el suelo… después de este tiempo entra más erguido, habla toda la hora incluso a veces el fin de la terapia nos sorprende compartiendo, me mira más, en ocasiones un pequeño conato de enfado con alguien… Y sin embargo constantemente repite que no está más o menos igual, que nada ha cambiado, que sigue sin ganas de venir, que tiene que ser su mujer etc.

  1. después de varios años de terapia quincenal y de un alejamiento progresivo de las sesiones hasta aparecer ocasionalmente, acude un día con la queja de que: he vuelto a las andadas, estoy como antes, sigo haciendo cosas que creía que estaban superadas etc.

Este fenómeno clínico podría tener dos modos de ser enfocado por el terapeuta, o bien como un proceso personal, individual del paciente (algo le está ocurriendo que es necesario evaluar, analizar, indagar) o bien ser entendido como un fenómeno de campo (qué está ocurriendo en la relación, para activar estas sensaciones-reales- de “vuelta atrás”).

Además de en situaciones clínicas, todos podemos observar  como este proceso resumido verbalmente en “nada ha cambiado, todo sigue igual (y su correlato de la función personalidad: “sigo siendo el mismo de antes”) aparece con frecuencia en nuestra vida cotidiana, incluso en aquellos que llevamos años de terapia personal, formación y supervisión.

En nuestra experiencia personal y cotidiana: en un momento concreto una compulsión que no hacía acto de presencia, vuelve a imponerse; un silencio como respuesta ante una situación de incomprensión vuelve a instalarse después de mucho tiempo de desretroflexiones o un resentimiento ante un agravio mil veces sentido surge después de algún tiempo de “agresiones” al entorno.

[1] Vázquez Bandín, Carmen

 

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